miércoles, 9 de abril de 2014

Uno, dos, tres… cuatro. Me gusta el (des)orden.

Abril me gusta. Es el cuarto mes del año y el número cuatro siempre me ha parecido de lo más atractivo, es la mitad de ocho, el primer número compuesto, el segundo cuadrado perfecto, en el Tetris (del griego tetra, cuatro) cada forma está hecha de cuatro bloques, cuatro Jinetes del Apocalipsis, cuatro puntos cardinales, cuatro estaciones, cuatro palos en cualquier baraja, cuatro viajes realizó Cristóbal Colón hasta descubrir el continente americano y cómo no, los 4 Fantásticos. En definitiva, me gusta el cuatro y me gusta abril.

Tengo esa extraña sensación de que hoy me levanté con ganas de jugar -no es cierto, siempre las tengo- y ahora voy a sacar las voces que tengo guardadas en el desván, que conozco a la perfección por profesión y revolotean en mis pensamientos cotidianos, ¿están desordenados…?, ya veremos.

Me asusta ver cómo se me va el tiempo de las manos, en alguna ocasión me ha sucedido como a nuestra querida Alicia en su país de maravilla, un minuto supuso toda una eternidad, pero hace tanto tiempo, que se me gastó hasta el recuerdo. Ni siquiera me sucede con una hora, a mí el tiempo se me gasta y yo me desgasto de pensarlo.

 

Invierto el tiempo en cosas de distinta índole, para bien gastarlo. Me interesan las que consiguen captar mi atención -a veces es harto complicado- y reconozco que cada vez más me intereso por TODO, me descubro invirtiendo el saldo de mi tiempo diario con pequeños detalles sorpresivos que me hacen feliz. Pero sobre todo me gusta conversar y escribiendo converso más conmigo que con nadie, saber conversar es saber compartir y escuchar, pero también defender las propias convicciones y qué complicado es compartirme, escucharme y defender mis convicciones conmigo mismo, no me dejo hablar y quiero tener siempre la razón.

Así que he decidido conversar y trabajar en conjunto con mi yo, y así conseguir la tan deseada sinergia: yo más yo seremos igual a ¿cuatro? o ¿abril? y ser completamente eficiente y más que suficiente.

En ocasiones (siempre que escribo esto me apetece continuar con; “oigo voces”) me siento amenazado por esos instrumentos capaces de medir el tiempo. Horas, minutos, segundos, milésimas de segundos… e intento convertirlas en oportunidades, cierro los ojos tan fuerte como puedo y el tiempo queda paralizado, los planetas cesan en su movimiento, las estrellas enmudecen y las galaxias detienen su quehacer diario, en ese instante, que puede durar tanto como mi yo decida, soy capaz de sentir el silencio y la paz que transmite el aquí y el ahora.

¿El tiempo lo debemos tratar como una inversión de futuro, todos tus hoy determinan tu mañana o es Carpe Diem?