Tengo varias cuestiones para cuando me vaya definitivamente y no
todas dependen enteramente de mí.
Una de ellas es que quisiera que todo lo que dejo atrás sea un
poco mejor y lo sea gracias a que yo estuve por aquí, habitando mi intervalo de
eternidad y aportando a este mundo lo que mejor supe soñar.
Siguiente anhelo; que el coste de oportunidad de mi ausencia sea
lo más bajo posible. Antes de dejar de estar, haber tachado de la lista de
pendientes el máximo de tareas esenciales y banales.
Llevando la curiosidad que siempre me acompaña hasta ese último
instante, quiero saber que me voy, que me estoy marchando de este plano
dimensional. Deseo que ese último instante no esté impregnado de ignorancia,
cuando todo se acabe quiero saberlo.
El estuche que dejo, que sea aprovechado de la mejor manera
posible; donación a la ciencia, una pira a modo de celebración ancestral,
abandonarlo en el monte como alimento de hermosos bichos, prototipo para la
fabricación de esencia de Soylent Green, ...
Otra petición; desaparecer, esfumarme y no dejar ningún rastro, yo
no he existido. Que se volatilicen todos los recuerdos que he podido dejar en
quienquiera que sea, ni siquiera un mínimo manifiesto nebuloso en la mente de
nadie, de mi paso por este paréntesis infinito.
Esto es lo que yo deseo hoy, como intuyo que no ocurrirá así, me
voy a imaginar brevemente lo que será más probable que acontezca.
Los que queden de los que hay hoy, irán a algún triste sitio y lo
convertirán en un lugar menos triste, porque los que me conocen saben que no
quiero sentimientos lúgubres. Hablarán, reirán y alguien de otro duelo cercano
o algún empleado del triste sitio les llamará al orden, puesto que estarán
armando alboroto. Habrá también algún enfrentamiento, ya que mi gente no se
calla las cosas y seguramente alguien oirá algo que no quería oír y se
molestará, en definitiva es lo que sabe hacer.
No habrá llantos, no habrá lágrimas, tampoco sollozos ni vestigios
de lamentos, al menos no los habrá en público, si los hay serán privados; en el
baño, en el coche, días más tarde o en la terraza del triste lugar, escondidos
tras las lunas de ese día que se acaba y que no cuenta ya conmigo.
Todo esto ocurrirá algún día, pero hoy no. Todo esto queda para
otro día.
