martes, 15 de marzo de 2016

La pérdida.

La pérdida llega para no regresar.

Te atraviesa dejando un vacío que tendrás que rellenar;
 
rápido o despacio,
 
en soledad o en compañía,
 
en silencio o cubierto de aspavientos,
 
desde el sinsentido del exceso o recluido en el absurdo de la carencia.
 
 
La pérdida llega y deja un vacío lleno de recuerdos.
 
La pérdida llega siempre demasiado pronto, aunque venga anunciándose desde más allá del horizonte por vislumbrar.
 
La pérdida nos acompaña en el camino. Te asalta en un recodo de la senda solitaria y te arropa con manto de nostalgia.
 
La pérdida cuando es verdadera y de la que duele se nutre únicamente de memorias agradables, dejando las demás para las otras pérdidas, esas a olvidar.
 
Tu pérdida me empaña la mirada, pero tu sonrisa me ilumina el camino.
 
 
 
A Jana.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Cumpleaños y demás incidencias sociales.

El día en el que nací es solo mío.

No conozco a nadie que haya nacido el mismo día que yo.

No digo que no existan seres maravillosos, llenos de incongruencias, vísceras, deseos, tormentos y rudimentos varios, que acudiesen a este paréntesis de eternidad el mismo día que yo, lo que digo es que los de este día nos repelemos.

No podemos coincidir, debido a una ley tanto incomprendida como inexistente.
Es lo que ocurre en las paradojas de los viajes en el tiempo (mira que me gusta este tema); no puedes encontrarte –en teoría- con tu yo futuro o con tu yo del pasado.
 
 

Tengo innumerables vivencias e interioridades que anhelo compartir, así como otras que atesoro únicamente para mí y bastantes que no quería compartir y finalmente sí he hecho.

El día de mi cumpleaños pertenece a esta última categoría. Es una fecha ya de por sí egoísta; recibes regalos, atenciones, mensajes de seres invisibles e inaudibles el resto del año, todos enalteciendo lo buen ser humano que eres y cuanto desean verte. Ya sea durante 5 segundos, 7 horas o durante toda una vida, eres el centro de atención de muchos o de unos pocos, incluso de ninguno.

Por todo ello y como expresión máxima de egoísmo que pretende no involucrar a nadie, deseé convertir el día de mi cumpleaños en algo anónimo; 24 horas sin ser yo, en un limbo impersonal.
¡No lo conseguí!, así que miro hacia delante y felicito a todos los que lo merecen y recibo todas las felicitaciones agradecido de corazón.

Felicidades y gracias.

lunes, 12 de octubre de 2015

Entre la vida y vivir, elegí vivir; así me va.

Hace ya tiempo que decir que no carece de desasosiego.
Lo que antes era desagradable, pasó a ser violento y transmutó hacia una naturalidad capulla.


Hace poco, con intención de dar ánimos en una situación indeseada, le dije a una amiga que tendremos días malos y días peores, aún así hemos de luchar por los buenos para conseguir los mejores.

Ese mismo día le dije a otro ser humano que se fuese a la mierda y lo peor de todo, es que hubo una tercera a la que no le dije que realmente me da la sensación de que últimamente cuanto nos decimos es una excusa para no hablarnos.

Hasta donde yo sé, ninguna de esas 3 personas maneja la telepatía, de otra manera hubiese constatado lo que decía y lo que no.



¿Confesión? Agradezco tener a mi lado gente que me dice lo imbécil que puedo llegar a ser si no tuviese a esa gente leyéndome la mente.

El otro día me imaginé telefonéando a mi hermana para preguntarle si soy imbécil, ella apartaría el móvil de su oreja y le preguntaría a mi madre: "¿Oye que dice que si es imbécil?" Y mi madre diría: "¡Bah, ya es hora de que lo sepa!".

En otra ocasión escribiré de las personas que están muertas y no lo saben, de los seres que por analogía se rodean de otros difuntos, de quienes viven por inercia..., otro día hablaré de mí y así acotaré la búsqueda.

viernes, 19 de junio de 2015

A quien corresponda.

Esto no es perfecto, lo intentamos y sigue sin serlo. En gran parte por nuestra culpa, con unos cuantos arreglos todo podría ser mejor, al menos desde mi punto de vista.
Para ello reclamo a quien corresponda…, lamentablemente sin ningún ánimo de éxito a corto plazo, lo siguiente:
Poder cerrar los oídos. Así como puedo cerrar los ojos y no ver cuando no me interesa, demando poder abrir y cerrar a voluntad la entrada de sonidos en mi cuerpo.
Regular a mi antojo la segregación de elementos químicos en mi torrente sanguíneo. Como seres humanos poseemos, de forma totalmente natural, multitud de sustancias que nos sirven de manera involuntaria, pues bien, solicito el uso consciente de las mismas. Están dentro de nosotros, son nuestras.
El botón de encendido/apagado con programación horaria e interruptor de alarma ante posibles emergencias. Las merecidas horas de sueño y descanso serían mucho más eficientes.
La solicitud de otros botones en otras partes del cuerpo con otras funcionalidades e intensidades, también han sido estudiadas.
Imposibilidad de mentir. No puedes mentir sin estar en ese mismo momento pensando en la verdad. (Te reto a conseguirlo). En cierta manera, es como si en  tu cabeza y a pequeña escala se produjera un cortocircuito. Exijo pues que ese cortocircuito sea de tal magnitud, que impida ejecutar la mentira.

 
Demando la sabiduría de escuchar a mi cuerpo, a mi mente, a mis emociones y hacerles caso. Saber qué necesito comer, beber, hacer, expresar,… no comer, no beber, no hacer, no expresar,…
Aquí habría que explicar una suerte de reglas al estilo de las de la robótica;
Primera regla.- Lo que fluya no podrá perjudicar a otro ser humano.
Segunda regla.- Se violará la primera regla cuando la integridad de un ser humano se vea amenaza por cualquier acción o inacción de otro.
Misceláneo de temas que dejo abiertos:
Evolución extraña del apartado pelos; su aparición, desaparición, coloración y diversas transformaciones.
Posibilidad de transformar a voluntad nuestro lenguaje corporal. Por ejemplo, para qué necesitamos ponerlos colorados, ya es suficiente con lo que pasa por dentro, como para que encima se sepa por fuera.
Dicho todo esto, ahora procede decir que todo esto nos cambiaría como raza, quizás a peor. ¿Somos demasiado hedonistas para saber manejar sabiamente tanto poder?

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Todo esto para otro día.

Lo tengo todo…y eso no es ni de lejos lo peor que me pasa.

Tengo varias cuestiones para cuando me vaya definitivamente y no todas dependen enteramente de mí.

Una de ellas es que quisiera que todo lo que dejo atrás sea un poco mejor y lo sea gracias a que yo estuve por aquí, habitando mi intervalo de eternidad y aportando a este mundo lo que mejor supe soñar.

Siguiente anhelo; que el coste de oportunidad de mi ausencia sea lo más bajo posible. Antes de dejar de estar, haber tachado de la lista de pendientes el máximo de tareas esenciales y banales.

Llevando la curiosidad que siempre me acompaña hasta ese último instante, quiero saber que me voy, que me estoy marchando de este plano dimensional. Deseo que ese último instante no esté impregnado de ignorancia, cuando todo se acabe quiero saberlo.

El estuche que dejo, que sea aprovechado de la mejor manera posible; donación a la ciencia, una pira a modo de celebración ancestral, abandonarlo en el monte como alimento de hermosos bichos, prototipo para la fabricación de esencia de Soylent Green, ...

Otra petición; desaparecer, esfumarme y no dejar ningún rastro, yo no he existido. Que se volatilicen todos los recuerdos que he podido dejar en quienquiera que sea, ni siquiera un mínimo manifiesto nebuloso en la mente de nadie, de mi paso por este paréntesis infinito.
 
 

Esto es lo que yo deseo hoy, como intuyo que no ocurrirá así, me voy a imaginar brevemente lo que será más probable que acontezca.

Los que queden de los que hay hoy, irán a algún triste sitio y lo convertirán en un lugar menos triste, porque los que me conocen saben que no quiero sentimientos lúgubres. Hablarán, reirán y alguien de otro duelo cercano o algún empleado del triste sitio les llamará al orden, puesto que estarán armando alboroto. Habrá también algún enfrentamiento, ya que mi gente no se calla las cosas y seguramente alguien oirá algo que no quería oír y se molestará, en definitiva es lo que sabe hacer.

No habrá llantos, no habrá lágrimas, tampoco sollozos ni vestigios de lamentos, al menos no los habrá en público, si los hay serán privados; en el baño, en el coche, días más tarde o en la terraza del triste lugar, escondidos tras las lunas de ese día que se acaba y que no cuenta ya conmigo.

Todo esto ocurrirá algún día, pero hoy no. Todo esto queda para otro día.

domingo, 17 de agosto de 2014

Abrazos y también suspiros.

Me levanto, miro a mi alrededor, veo la estantería apilando conocimiento -viajes por sentir, sentimientos por hacer-. Me acerco y pillo uno de mis libros favoritos, lo abro por una página cualquiera y lo primero que leo es esto; "Hay materia en estos suspiros".

Quería escribir algo y solo me salían temas tristes, así que me llevaré la contraria y voy a hacerlo de manera antagónica a como me siento, aprovechando esta entrada del libro, que por cierto huele de maravilla y que me abre un paisaje de esperanza.

Abrazos y suspiros. Para los primeros te hace falta al menos otra persona, los segundos son en un origen individuales, pero ambos generadores de empatía y llenos de sanación.

En un abrazo la empatía comienza por el choque de miradas y debe terminar exactamente igual, la sanación está presente desde el mismo instante en el que nace el impulso de abrazar (unos dos milisegundos después del cruce de miradas) y dura por siempre, su recuerdo permanecerá escondido tras tu epidermis y grabado en cada una de tus células sensitivas.

En el suspiro la empatía comienza cuando este termina, alguien te ha oído y te preguntará; ¿cómo estás?, ¿te pasa algo?, ¿y eso? y es ahí donde comienza. Lo bueno del suspiro es que tiene un mecanismo auto-saciante, después del suspiro te encuentras mejor, aunque no te oiga nadie.
 
 
¿Clases de abrazos? Lo mejor de los abrazos es que apenas existen los malos. Reconozco una extrema adicción a los que parecen no terminar, bien porque ninguna de las partes está dispuesta a ceder en dejar de escuchar los latidos de su “presa” -que se convierten en los latidos propios- bien porque la sensación de sanación alcanza tales niveles, que nos negamos a dejar de sentir ese placer provocado por el abrazo, hasta que nos surge la imperiosa necesidad de un nuevo contacto visual...y anhelas un bucle infinito.

Lo que sí existe es un hecho que no termino de comprender; cuando el abrazo es entre dos hombres, siempre acaba con unas palmaditas, ¿motivo?

¿Clases de suspiros? Aquí todos tenemos nuestro sello personal. Me gusta el que comienza con una honda inspiración, sigue con un alto contenido de sonoridad liberadora y termina con un ligero resoplido. Esa última exhalación logra aligerar lo que te estaba oprimiendo desde el fondo de tus entrañas.
 
¿Abrazo que se funde con suspiro? El súmmum. Ese abrazo que incluye suspiro o en su defecto un sentido "¡aaaaay!", que surge desde lo más profundo del estómago. Ese concretamente es tan intenso que suele doler.

Resumiendo:

Me gustan los abrazos porque necesitan de otra persona.
Me gustan los suspiros porque no necesitas de otra persona.
Me gustan los abrazos acompañados de suspiros porque me colman y vacían.

Y así voy pasando por el mundo necesitando… o no.

lunes, 7 de julio de 2014

Abandonarse.

Sabía que algún día tendría que dejar eso que le hacía sentir tan bien.

No se deben meter los dedos en el enchufe. No te debes lanzar de cabeza al agua sin antes comprobar la profundidad. Esa bolsa que envuelve el puzzle no es un juguete. Debes abrocharte el cinturón de seguridad si viajas en coche. Todo exceso etílico conlleva resaca. Te advierten de que esa camisa debe ser lavada con agua fría.

Sí, pero qué hacer cuando su presencia se torna imborrable. ¿Qué clase de lucha has de librar, sabiendo que la derrota es inevitable, cuando te alcanza su aroma? ¿Qué hacer cuando los susurros te taladran diciendo lo que en ese mismo momento también tú estabas pensando e incluso de manera más intensa, cuando esas palabras te enriquecen el alma?

Ese instante, siempre es un instante aunque el reloj diga que han sido horas, se va y vuelve a su realidad y no se va de su mente y el espacio que estaban compartiendo sigue allí esperándolos, vacío, triste, desolado.

En efecto, la advertencia no evitaría que hiciera justo lo que no debería hacer, no evitaría que buscase en sus recuerdos.
 

Se pregunta que qué necesidad había de esto. Antes de imaginarse el uno al otro se podría decir que eran maravillosos, ahora son plenos, se complementan y ciertamente la mayor parte del tiempo es muy agradable y cuando duele, duele mucho.

Existen salidas. No le importaba haber encontrado un refugio tan pusilánime y peligroso. Pasaba más y más tiempo en su reducto paralelo a la realidad, esa realidad en la cual no son uno. Conocía los peligros y se asustaba, pero cada vez menos.

Lo vuelve a hacer, se acerca a su centro de suministro y adquiere otra dosis. Vuelta a empezar.

Sabía que nunca podría dejar eso que le hacía sentir tan bien.
 

(Gracias Alexis R., me has ayudado a digerir parte del todo que llevo dentro).