Me levanto, miro a mi alrededor, veo la estantería apilando conocimiento -viajes por sentir, sentimientos por hacer-. Me acerco y pillo uno de mis libros favoritos, lo abro por una página cualquiera y lo primero que leo es esto; "Hay materia en estos suspiros".
Quería escribir algo y solo me salían temas tristes, así que me llevaré la contraria y voy a hacerlo de manera antagónica a como me siento, aprovechando esta entrada del libro, que por cierto huele de maravilla y que me abre un paisaje de esperanza.
Abrazos y suspiros. Para los primeros te hace falta al menos otra persona, los segundos son en un origen individuales, pero ambos generadores de empatía y llenos de sanación.
En un abrazo la empatía comienza por el choque de miradas y debe terminar exactamente igual, la sanación está presente desde el mismo instante en el que nace el impulso de abrazar (unos dos milisegundos después del cruce de miradas) y dura por siempre, su recuerdo permanecerá escondido tras tu epidermis y grabado en cada una de tus células sensitivas.
En el suspiro la empatía comienza cuando este termina, alguien te ha oído y te preguntará; ¿cómo estás?, ¿te pasa algo?, ¿y eso? y es ahí donde comienza. Lo bueno del suspiro es que tiene un mecanismo auto-saciante, después del suspiro te encuentras mejor, aunque no te oiga nadie.
¿Clases de abrazos? Lo mejor de los abrazos es que apenas existen los malos. Reconozco una extrema adicción a los que parecen no terminar, bien porque ninguna de las partes está dispuesta a ceder en dejar de escuchar los latidos de su “presa” -que se convierten en los latidos propios- bien porque la sensación de sanación alcanza tales niveles, que nos negamos a dejar de sentir ese placer provocado por el abrazo, hasta que nos surge la imperiosa necesidad de un nuevo contacto visual...y anhelas un bucle infinito.
Lo que sí existe es un hecho que no termino de comprender; cuando el abrazo es entre dos hombres, siempre acaba con unas palmaditas, ¿motivo?
¿Clases de suspiros? Aquí todos tenemos nuestro sello personal. Me gusta el que comienza con una honda inspiración, sigue con un alto contenido de sonoridad liberadora y termina con un ligero resoplido. Esa última exhalación logra aligerar lo que te estaba oprimiendo desde el fondo de tus entrañas.
¿Abrazo que se funde con suspiro? El súmmum. Ese abrazo que incluye suspiro o en su defecto un sentido "¡aaaaay!", que surge desde lo más profundo del estómago. Ese concretamente es tan intenso que suele doler.
Resumiendo:
Me gustan los abrazos porque necesitan de otra persona.
Me gustan los suspiros porque no necesitas de otra persona.
Me gustan los abrazos acompañados de suspiros porque me colman y vacían.
Y así voy pasando por el mundo necesitando… o no.
