Solo
ceniza, en eso se convirtió todo, incluso el tiempo desapareció.
Sin
duda lo habían pospuesto demasiado tiempo y cinco segundos después del compartido
clímax, todo se detuvo y la eternidad los alcanzó. El universo encerrado en ese
cuarto se volatilizó.
A
la mañana siguiente todos los empleados del hotel buscaron alguna excusa para
pasar por delante de la habitación 221. Dentro únicamente dos colores. Gris de la
total combustión de la estancia, blanco de los trajes de la Policía Científica.
En
dos lugares distintos de la ciudad, un año después, se conmemoraba el aniversario
de la desaparición de un ser querido.
