viernes, 13 de junio de 2014

Gente no estadística.

Existen personas maravillosas, ¡sí de verdad! Yo me la encuentro en los tiempos más inesperados y en los momentos más adecuados. No me gusta dar consejos, principalmente debido a que los que me dan no los suelo usar, aún así me aventuro a darte este; si te encuentras a esta clase de personas, ¡no las dejes escapar! Estoy tan convencido de esto, que a lo largo de este escrito te lo volveré a repetir.

En ocasiones a esas personas maravillosas las tienes delante durante mucho tiempo y no te das cuenta. Es importante que comiences a mirarlas, escucharlas, sentirlas desde otra perspectiva y si las descubres como geniales, aprovéchate de sus virtudes, puesto que en ese viaje ambos saldrán beneficiados, sino es así y se desvela como un ser anodino, ¡déjalo y céntrate en algo más provechoso!
 
 

Otras veces te los encuentras sentados a tu lado en un avión y juntos comparten unas horas de historias, puntos de vista y confesiones. Si acaba cuando el avión aterriza, ¡genial! Quizás ocurra que ya próximos al aterrizaje, ella se esté maquillando (bella esclavitud de nuestro tiempo) y te diga que si quieres que te dé unos retoques con su brocha. Te habrás reído –y mucho-. Si no acaba ahí, ¡mucho mejor! Tengo unos amigos, que ya tienen hijos en el colegio, que comenzaron a conocerse compartiendo un vuelo, asiento con asiento.

Somos todos estupendos, lo que ocurre es que no necesariamente somos todos afines. ¿Somos todos estupendos? ¿Conoces a alguien que diga que es mala gente? Estadísticamente hay gente excepcionalmente buena, gente buena, gente mala y gente excepcionalmente mala. ¿Alguien se identifica personalmente con alguno de los dos últimos grupos? Nadie, con lo cual, bien somos todos geniales o al menos la mitad mentimos o la estadística se equivoca.

Por cierto, quiero decirte algo, ¡si te encuentras con alguien excepcionalmente bueno, ¡aprovéchate!

viernes, 6 de junio de 2014

Sueños de escafandra.


Mucho me temo que vienen a rescatarme. Mi compañero está tumbado junto a mí, ojos abiertos, sincopados movimientos oculares, no necesito mirarle los labios para saber que los tendrá tumefactos. Yo acabo de regresar del viaje en el que ahora mismo él está inmerso, basta abrir un par de segundos la escafandra, respirar esta mezcolanza cósmica y acceder a una ensoñación consciente y guiada hacia nuestros más anhelados deseos.
Hemos perdido la noción del tiempo, el resto de la expedición abusó de este éxtasis y yacen inertes por todo el páramo. Quedamos dos y no sé si quiero volver.