En
ocasiones a esas personas maravillosas las tienes delante durante mucho tiempo y
no te das cuenta. Es importante que comiences a mirarlas, escucharlas,
sentirlas desde otra perspectiva y si las descubres como geniales, aprovéchate
de sus virtudes, puesto que en ese viaje ambos saldrán beneficiados, sino es
así y se desvela como un ser anodino, ¡déjalo y céntrate en algo más
provechoso!
Otras
veces te los encuentras sentados a tu lado en un avión y juntos comparten unas
horas de historias, puntos de vista y confesiones. Si acaba cuando el avión
aterriza, ¡genial! Quizás ocurra que ya próximos al aterrizaje, ella se esté
maquillando (bella esclavitud de nuestro tiempo) y te diga que si quieres que
te dé unos retoques con su brocha. Te habrás reído –y mucho-. Si no acaba ahí,
¡mucho mejor! Tengo unos amigos, que ya tienen hijos en el colegio, que
comenzaron a conocerse compartiendo un vuelo, asiento con asiento.
Somos
todos estupendos, lo que ocurre es que no necesariamente somos todos afines.
¿Somos todos estupendos? ¿Conoces a alguien que diga que es mala gente?
Estadísticamente hay gente excepcionalmente buena, gente buena, gente mala y
gente excepcionalmente mala. ¿Alguien se identifica personalmente con alguno de
los dos últimos grupos? Nadie, con lo cual, bien somos todos geniales o al
menos la mitad mentimos o la estadística se equivoca.
Por
cierto, quiero decirte algo, ¡si te encuentras con alguien excepcionalmente
bueno, ¡aprovéchate!

