viernes, 19 de junio de 2015

A quien corresponda.

Esto no es perfecto, lo intentamos y sigue sin serlo. En gran parte por nuestra culpa, con unos cuantos arreglos todo podría ser mejor, al menos desde mi punto de vista.
Para ello reclamo a quien corresponda…, lamentablemente sin ningún ánimo de éxito a corto plazo, lo siguiente:
Poder cerrar los oídos. Así como puedo cerrar los ojos y no ver cuando no me interesa, demando poder abrir y cerrar a voluntad la entrada de sonidos en mi cuerpo.
Regular a mi antojo la segregación de elementos químicos en mi torrente sanguíneo. Como seres humanos poseemos, de forma totalmente natural, multitud de sustancias que nos sirven de manera involuntaria, pues bien, solicito el uso consciente de las mismas. Están dentro de nosotros, son nuestras.
El botón de encendido/apagado con programación horaria e interruptor de alarma ante posibles emergencias. Las merecidas horas de sueño y descanso serían mucho más eficientes.
La solicitud de otros botones en otras partes del cuerpo con otras funcionalidades e intensidades, también han sido estudiadas.
Imposibilidad de mentir. No puedes mentir sin estar en ese mismo momento pensando en la verdad. (Te reto a conseguirlo). En cierta manera, es como si en  tu cabeza y a pequeña escala se produjera un cortocircuito. Exijo pues que ese cortocircuito sea de tal magnitud, que impida ejecutar la mentira.

 
Demando la sabiduría de escuchar a mi cuerpo, a mi mente, a mis emociones y hacerles caso. Saber qué necesito comer, beber, hacer, expresar,… no comer, no beber, no hacer, no expresar,…
Aquí habría que explicar una suerte de reglas al estilo de las de la robótica;
Primera regla.- Lo que fluya no podrá perjudicar a otro ser humano.
Segunda regla.- Se violará la primera regla cuando la integridad de un ser humano se vea amenaza por cualquier acción o inacción de otro.
Misceláneo de temas que dejo abiertos:
Evolución extraña del apartado pelos; su aparición, desaparición, coloración y diversas transformaciones.
Posibilidad de transformar a voluntad nuestro lenguaje corporal. Por ejemplo, para qué necesitamos ponerlos colorados, ya es suficiente con lo que pasa por dentro, como para que encima se sepa por fuera.
Dicho todo esto, ahora procede decir que todo esto nos cambiaría como raza, quizás a peor. ¿Somos demasiado hedonistas para saber manejar sabiamente tanto poder?

1 comentario:

  1. He de admitir que me atrae y me asusta la idea de la imposibilidad de mentir... Creo que nuestra sociedad cambiaría, lo que no se si a peor o a mejor.... Una vez leí que mentíamos una media de cinco veces al día y que antes de cumplir un año ya habíamos mentido alguna vez, incluso los bebes lloraban como si tuvieran sueño o hambre solo para que les cogieran en brazos. Muchas de nuestras relaciones sociales cambiarían ya que están apoyadas en pequeñas mentiras. Supongo que también cambiaría nuestra capacidad de recibir y de asumir las criticas o las opiniones de los que nos rodean... Seguramente tendríamos menos amigos... Pero lo que si es seguro que serían mejores.

    Una pregunta, se podría decir la verdad siempre sin quebrar la primera norma de la robótica?

    PD. Lo que mas me gusta de tu blog es que tengo que leer cada entrada dos veces... Jejejej

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